martes, 1 de junio de 2010

Defense grado 1

Ferren se dirigía corriendo por los pasillos, las sirenas de intrusión resonaban en su cabeza, daba gracias por haber modificado hacía ya tres meses la intensidad intermitente de las luces amarillas y rojas, ya no habrían más ataques epilépticos en los simulacros, habían pasado a la historia.

Un golpe de vacío ahogado le invadió , la unidad que le seguía se paró, quitaron el seguro de sus armas, solo quedaban dos giros a la izquierda, pasar la cafetería, y a cien metros a la derecha, la sala de monitorización de lanzamiento.


Ferren giró abriendo la boca para ordenar a sus hombres que le siguieran, pero se percató a tiempo, no era cobardía lo que olía si no una simple bocanada de aire acondicionado antes de que su tropa apretara los dientes para defender la base, quizá fuera la última bocanada para muchos de ellos.


El cabo que le precedía lo miró con cara gris y ojos hostiles, y al momento su ojo izquierdo se cerró y si abrió fugazmente, pasó por su lado ya a la carrera, con su fusil de asalto en posición de ataque, mientras le daba una palmada en el hombro a su superior y le dijo a toda voz:


-No tenga dudas, vamos a dejarnos la piel, quedate atrás te necesitamos en retaguardía!! - su voz fue perdiendo potencia al alejarse, Ferren se quedó el último, guiándose mentalmente en lo que debería estar viendo su cabo yendo de punta de lanza.





Sala Estanca 00:00,66 después de la llegada de la lanzadera.




En la armería todavía se estaba repartiendo la munición, que pasaba de manos rápidamente, rítmicamente e iban cargandola a sus armas. Todo el personal de la estación había pasado por un riguroso plan de entrenamiento Kaos II Defense (Técnicas y logística defensiva de corta distancía). La armería era simple comparada con las otras repartidas a lo largo del búnker, pero había una dotación de 40 fusiles de asalto, 3 ametralladoras automizadas con visión térmica y vigilacía ultrasónica, varías granadas de humo , ya que las explosivas quedaron exclusivamente prohibidas dentro de la base, visto las frecuentes bajas y los daños colaterales producidos en los simulacros.


Berenguer seguía destrozando el teclado de su consola, mientras pedía a dos de sus compañeros que colgaran las láminas de 35 pulgadas en la pared, para así tener 6 pantallas conectadas entre si; había despreciado la conexión en 3D suspendida, mucho más manual pero poco útil, además pensó - no estoy para lucirme tengo que encontrar soluciones- era de la vieja escuela, cuantas veces lo habían ridiculizado por suspender la 3D cuando se examinaba para formar parte del control de lanzamiento, siempre había puesto de excusa que sus dedos eran los percutores del teclado y que no pensaba con la cabeza ni con los dedos, si no únicamente con las teclas de su consola, parte de razón debía tenerla, con su consola era mucho más rápido y sutil que cualquiera de sus compañeros de promoción.


-Señor, las cámaras están inoperables, pero detecto movimiento térmico, siguen en la cabina de lanzamiento, se mueven pero no intentan salir, creo que están explorando solamente, deben estar algo desorientados- dijo esperando asentimiento del Jefe de control, pero no hizo nada ni el más mínimo movimiento.


Prosiguió intentando captar la posición de las tropas y se rió mentalmente- pero si solo son 60 los que llegarán con Ferren, los demás irán llegando, contando a todos 150, pero con solo uno que se infecte estaremos perdidos, ¡¡hay que buscar una una salida ya!!.




Berenguer captaba las lecturas bioelectricas de los 16 elementos, como un patrón de números, pero no tenía ni idea de lo que hacían, pero almenos la armadura había aguntado, la alarma seguía sonando y los hombres de Ferren ya estaban dispuestos a entrar en la sala de control, total de infecciones, cero individuos, no estaba mal para un código rojo real.




-Cabo, informe- dijo Ferren entrando en la sala semiagachado en dirección a su inferior.


-Armadura deformada, ninguna intrusión en la sala, y no se escucha nada al otro lado, parece tranquilo, por ahora.


Ferren se levanto y vió a todo sus hombres en posición, los minutos pasaban y la situación era la misma, una sala desbaratada con la vidrieras metalizadas deformadas, seguramente por la llegada de la lanzadera. Intentaba pensar rápido, pero pocas opciones había que no fueran esperar. Le explicó la situación al jefe de control, un largo sordo silencio le siguió, Ferren cerró comunicación que seguirían a la espera.